"Usted es tan joven, está tan antes de todo comienzo, que yo querría rogarle lo mejor que sepa, mi querido señor, que tenga paciencia con todo lo que no está resuelto en su corazón y que intente amar las preguntas mismas, como cuartos cerrados y libros escritos en un idioma muy extraño. No busque ahora las respuestas, que no se le pueden dar, porque usted no podría vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva usted ahora las preguntas. Quizá luego, poco a poco, sin darse cuenta, vivirá un día lejano entrando en la respuesta."
Rilke
Jacinta, mi hermana menor, tenia solo 2 años la primera vez que la llevamos a la playa. Solíamos frecuentar una playa en Uruguay en donde estaba permitido entrar con el auto y apenas abrió la puerta trasera y tocó con su dedo gordo del pie la playa, dijo con un tono de impresión y asco "Uhhhlll, esta lleno de arena!!". Quince, quizás veinte años mas tarde, esa fue la primera frase que me vino a la cabeza cuando parada en el borde del desierto Sahara en el Erg Marroquí mi vista recorría el paisaje que se extendía frente a mi por kilómetros y mas kilómetros. Obviamente, no había en mi exclamación un solo indicio de asco quizás si un toque de estupefacción y la necesidad de constatar lo mas obvio, la única certeza posible, esta lleno de arena. La inmensidad del desierto frente a mi era algo tan apabullante que solo se podía repetir y volver a repetir lo que ya todos sabíamos, paradójicamente en tal enormidad no parecía caber ninguna otra apreciacion.
Eramos un grupo de diez mujeres Argentinas que veníamos viajando hace ya unos días, entre ellas mi mamá, su amiga (mi casi tía) Rosarito y yo, que había sido invitada de sorpresa por mama 15 días antes. La excursión estaba muy bien organizada, entrábamos al desierto en dromedarios, parábamos a ver la puesta del sol y luego comíamos y dormíamos como reinas en Haimas ( en realidad en versiones 5 estrellas de las Haimas verdaderas, de los nómades verdaderos). Nos acompañaban dos hombres Bereberes Hasan y Mustafa. Los Bereberes son los verdaderos habitantes de Marruecos previos a la colonización árabe, previos a todo en realidad (según google habitan el Sahara hace mas de 3.000 años) hoy reducidos a paseadores de turistas en dromedario. Hombres del desierto capaces de dejar un par de ojotas en una duna como cualquier otra y volver a encontrarla al día siguiente. Hombres que van en silencio pero manejan 6 o 7 idiomas sin haber ido jamas al colegio, que hablan a los dromedarios y se entienden mejor con ellos que con nosotros. ( Los dromedarios son camellos de una sola joroba).
Subidas a estos enormes y parsimoniosos animales nos introdujimos en el paisaje que hace unos minutos parecía posible solo en la bidimension de una postal o un documental de discovery channel. Lo único que se oía era el viento que rozaba nuestras orejas, las indicaciones de Hasan a Mustafa (que iba adelante) y cada tanto un cordial como estáis? estáis bien? que nos hacia recordar que había que agarrarse y estar atentas. Resulta que los dromedarios no son caballos, para empezar se paran en 3 pasos. Primero la cola un poco después el frente y después la cola otra vez, se babosean de un lado a otro y avanzan muy, muy, muy despacito. Lo paradójico es que son seres tan inteligentes como tontos. Se sientan ante la menor sospecha de que esa es la orden que se les dio. Se paran rápido cuando hay que partir y la carga (nosotros los turistas) tiene que agarrarse bien fuerte porque por mas lentos que sean la probabilidades de acabar en el piso son altísimas.
La lentitud, el silencio y la calma. El miedo, la excitación, y la adrenalina. La cabeza deja de pensar y la repiracion pasa a ser protagonista, hay que aferrarse a la montura, respirar y contemplar. Intentar llevarse la mayor impresión posible de ese desierto que se parece mas a un océano amarillo que muta en cámara lenta que a una forma de tiera firme.
Después de una hora y media mas o menos llegamos al campamento, el sol ya se había ido. Las carpas estaban puestas de manera que en el centro se arma a una especie de living con un mesa y velas, que, en ausencia total de viento, iluminaban todo con una llamas largas y finitas dignas de un cuento de las mil y una noches. Los pisos eran alfombras, las paredes, eran alfombras ¿los techos?... eran alfombras. El conjunto de Haimas que nos había sido destinado estaba sumergido entre las dunas y cerca de nosotros, con la poca luz que había, podíamos percibir que había otras, una mas pequeña que era la cocina, otra aun mas pequeña que parecía ser un baño y unas que no veíamos pero llegábamos a oír que, supimos después, albergaba a dos alemanas y dos holandeses.
Mientras esperabamos la salida de la luna podíamos ver el contorno de los hombres azules que iban y venían en la puerta de la cocina prometiendo un gran festín marroquí. Estábamos acostadas en una duna admirando las estrellas cuando Hasan anunció encendiendo las luces (sisi había un foquito) que la comida estaba lista. Nos sentamos a la mesa y la magia culinaria dio lugar una de las noches mas inolvidables de mi vida. Sopas, Coucouses vegetarianos, corcuses con pollo al limón y panes árabes para terminar de degustar las salsas que desaparecieron completamente de los platos entre risas y anécdotas de diez mujeres que no podíamos creer los que estábamos viviendo. La necesidad de asimilarlo todo, de vivir todo intensamente, el hambre de desierto solo se apaciguaba cuando la calma y el silencio tomaban la escena y nos hacían caer en la cuenta de que tenias que abrigarte porque a la noche sopla y esto no es una película, te vas a resfriar.
Terminada la cena nos sentamos al rededor de un fuego a oír a los camelleros entonar canciones berbeber. Canciones que, como nos contaron después, hablaban de la vida de los hombres nómades, de problemas de amor, de trabajo y otras vicisitudes de la cotidianidad del ser humano. En perfecto español pasamos una noche entre amigos. Nos invitaron a cantar a nosotras y tímidamente compartimos algunas canciones de nuestro folklore latinoamericano. No faltaron los chistes, las adivinanzas y acertijos. Ahí estábamos diez argentinas, dos holandeses, dos alemanas y 4 Marroquies riendo dechistes tan tontos como graciosos mientras lo único que se movía eran las estrellas. Uno a uno los invitados se fueron quedando dormidos y quedamos solo 4 sombras mirando un fuego. Johanna, Hasan, Hasan y yo. Si, si, todos se llaman igual y fue justamente eso lo que dio pie a una de las charlas mas enriquecedoras que tuve en años. Yo quería saber, saber todo y nada en especial. Porque hay tantos Mohameds? porque no van al boliche? tienen tele? son felices? porque no toman cerveza? Ustedes piensan que estamos locos? que piensan? que sienten? que hacen? Hasan, Johanna y Hasan tenían mi edad aproximadamente, rondábamos todos los veinticinco. Eran hombres que hasta los 14 años habían vivido vidas nómades. Esto quiere decir que vivían en el desierto con sus familias y algunos dromedarios si tenían suerte, vivían de lo que el desierto les daba y yo quería saber que? como? y cuando? y porque cambio?
"Bailamos en los casamientos, acá duran 3 días y si, la chica se pasa los 3 días totalmente cubierta y el hombre solo se destapa para ir a dormir. No, no es injusto, es el sueño de toda chica Bereber y para ellas no hay honor y orgullo mas grande." Hasan no tomaba alcohol porque no quería pero fumar hash y marihuana por ejemplo estaba completamente permitido. Los musulmanes se divorcian, se casan a veces por amor a veces por arreglo y creen en el cielo y en el infierno. Usan condones si no están casados y las chicas no se dejan si no tiene ganas. No generan culpas, "Yo a Alá lo llevo en mi corazón-dijo llevandose la mano al pecho- y lo que haga o deje de hacer queda entre el y yo". Claro, tiene mucho mas sentido que andar contando a alguien mas y que el te diga lo que dios dice que tenes que hacer, pensé. Y así, uno a uno todos mis prejuicios fueron cayendo y transformandose en la mismísima arena que nos rodeaba. Cuando les preguntaba porque tenían tanto hijos por ejemplo los Hasanes se reían, se miraba con complicidad y alguno soltaba "no tenemos tele", risas, risas mas risas que liberaban toda la tensión que había entre el choque cultural de una argentina atea, una alemana protestante y dos beréberes musulmanes.
"Somos camelleros independientes, trabajamos solo cuando hay turistas y después descansamos, somos libres y lo importante para nosotros es la libertad". Yo solo veía su sombra a contraluz, un turbante de diez metros enroscado en al cabeza, una túnica azul gigante y los pies desnudos de un hombre que con total conciencia de su pequeñez en este mundo miraba al infinito y decía "somos libres". No podía terminar de aceptarlo y seguí inquiriendo, ¿Que es eso inscripto en la montañas? "Dice Dios, Patria y Rey" dijo Hasan pero no sin aclarar tres segundos después "Rey, ultimo". Mientras los escuchaba imaginaba su mirada su completa e indiscutible conexión con el todo y pensaba en que con mis compañeras de viaje que no parabamos de repetir "Pobres, no tiene tele, no tienen autos o computadoras" y yo escuchaba a este ser contar en español, alemán, ingles y beréber al mismo tiempo como amaba su vida y a su dios por sobre todas las cosas. Es una elección, esa ficha calló mas fuerte que todas las demás, lo eligen y los hace felices. Nadie que pueda vivir durante años en este desierto y lograr extraer de el sus medios de vida es pobre.
Se que quizás yo este siendo ingenua, pero si por un segundo los dejamos de medir con nuestra bara y los medimos objetivamente dejenme decirles que veremos hombres y mujeres libres. Que saben los que hacen y que no vivirían de ninguna otra manera incluso pudiendo hacerlo. Son decisiones inteligentes y concientes. Como hacen para aprender tantos idiomas? yo lucho por incorporar un tercero hace tiempo y no parece haber lugar "Tienes que venir a la escuela de desierto, Jajaja" Claro, claro, claro cada vez que hacia un pregunta ellos contestaba y la primer palabra que venia a mi mente era claarooo.
La luna había cambiado de lado y de donde había asomado ella hace unas horas unos rayos de luz empezaban a anunciar al sol una vez mas. La noche se nos iba, la palabras dichas se empezaban a escurrir entre bostezos y la impunidad que la oscuridad nos había brindado se esfumaba mientras la luz nos devolvía nuestra identidad de turistas y camelleros. Esa fue la campana que dio lugar al sueño y la atmósfera se apago junto con las brasas.
Arriba chicas! a ver el amanecer! Que habían pasado, cinco minutos? diez? En fin, arriba el Sahara despierta a eso de las 5 y en menos de dos horas harían 40 grados y la arena seria imposible de caminar. A juntar los petates y montar los dromedarios la vuelta seria de una hora y pico y a las 8 nos esperaban con el desayuno en el hotel. Así de rápido como entramos en el desierto salimos al día siguiente, pero a la vuelta no se oían las charlas excitadas de las mujeres, andábamos todas con la mirada contemplativa, las cámaras de fotos mas tranquilas y en silencio.Al llegar, las propinas, las fotos y nuestra condición de occidentales imponiendose en la despedida no dieron lugar al sentimentalismo. A bañarse, a quitarse la arena, y no olvidar comentar lo buen mozos que eran nuestros guias de anoche. A joder, a reirse y plenear una tarde en la pileta.
Había que seguir.
+08.34.48.png)
No pude, esa tarde tuve que volver al desierto. Sola me metí caminando hasta llegar hasta donde el cuerpo me daba, necesitaba permanecer en esa inmensidad un vez mas, despedirme y comprender. En el desierto el tiempo vuela y a su vez no existe, la distancias no eran nada, la dunas parecían cambiar de lugar, o era la luz que las movía? No hay nadie, ni nada, nadie sabe donde estoy, ni siquiera yo. Creo que no existo. Si un árbol cae en el bosque y nadie lo escucha hace ruido? si una mujer grita en el desierto y nadie al oye, grita? No hay respuestas, se trata de vivir la preguntas y en eso estoy...
Por lo pronto no pude evitar hoy, 3 dias despuéssentarme a tratar de escribir las cosas que viví en mi visita al Sahara. Tratar, de alguna manera, de poner en palabras lo que no se puede decir y hay que vivir... todavía mientras me preparo para bajar a la playa en Essouira sopla el viento del desierto en mi pecho y cambian de formas las dunas de mis ideas sin poder explicar como ni porque.
+08.33.39.png)
+12.39.29.png)
+08.35.04.png)